Trasfondo nº 117
Hace unos meses, a principios de este año 2026, una iniciativa de la Junta Municipal de Aljucer con el Ayuntamiento de Murcia, hizo posible que ciudadanía aljucereña participara en la plantación de árboles en la Carretera del Palmar. Una plantación de árboles bastante bien pensada, pues están situados en las paradas de autobús y son árboles de hoja caduca, plátanos de sombra y almeces. Por tanto, a medio plazo, serán árboles que cumplirán la función de dar sombra y de mejorar, algo, el ambiente de esta carretera.
Y es curioso que esta plantación tan sólo se haga 56 años después de que fueran talados unos ejemplares enormes y multiseculares de plátanos de sombra.
En cierto modo es un hito que, al menos, el hecho de ser plantados sea una realidad.
El que escribe, cada vez más viejo y menos confiado, no está tranquilo hasta que estos árboles agarren y crezcan, pero, para ello, habrá que tener paciencia.
Al parecer, el mantenimiento lo llevará la empresa municipal que se encarga de parques y jardines, y eso, de primeras, ya parece una garantía de que irán adelante.
Sin embargo, lo que define estos trasfondos es ir más allá de lo aparente, se trata de reflexionar afilando la mirada en el presente de Aljucer.
Los árboles agarrarán o no, pero es más importante que nosotros seamos árboles, como los árboles.
Los árboles crecen y se elevan, buscando el sol, y todo aquello que la fotosíntesis le permite a través de sus hojas y ramas. A la vez hunden sus raíces, para ser fuertes, estar agarrados al terreno, filtrando lo que nutre de lo que no.
Ojalá sepamos tener metas cada vez más altas y que esas metas busquen el bien común como lo hacen las copas de los árboles. Ojalá tengamos altura de miras, para poder tomar decisiones individuales y colectivas que promuevan el bien común y el mayor beneficio posible para el mayor número de personas empezando por uno mismo.
Ojalá estemos anclados a lo que nos enraíza, a lo que nos hace ser fuertes y poderosos, pero filtrando, siendo permeables a lo que nos hace bien y afrontando lo que nos hace mal. Que nuestras raíces se vayan adaptando al terreno al que pisamos y a las circunstancias y personas con las que nos encontramos, tratando de dar el mayor fruto, fuerza y vigor posible.
Los árboles, en sí mismos, tienen tendencia a formar comunidad, a crear arboledas, aunque cada uno de los árboles tiene su función y su protagonismo.
Ojalá sepamos conocer y reconocer a cada uno de los que formamos nuestra comunidad, por diversos y diferentes que seamos. Conociéndonos y reconociéndonos, podremos querernos, valorarnos y enriquecernos con lo que aportamos de forma individual a lo comunitario.
Los árboles, incluso en aquello que desechan, sus ramas, sus hojas, ofrecen la posibilidad de la reutilización y de la sostenibilidad. el material orgánico como abono, las ramas como madera con muchos usos posibles.
Ojalá seamos una comunidad sostenible y que sepamos reutilizar los recursos que hemos recibido, bien desde nuestro pasado, como herencia, o bien como ocasión presente, para forjar un futuro en el que nos incluyamos y sepamos sacar provecho de nuestras riquezas sin agotarlas. Recursos de todo tipo: económico, social, cultural, medioambiental,...
Seamos árboles, querida vecindad, ojalá sepamos convivir y contribuir a hacer de este lugar, un lugar mejor a través de los que residimos en él, como hacen los árboles.
Y celebremos a los árboles, que son nuestros acompañantes y aliados. Quizás estaría bien interesante el Día del Árbol, cada año, para ir creando una relación mayor con ellos, y aprender de ellos como personas y como comunidad.
Ginés Marín Iniesta
