Trasfondos de Aljucer
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jueves, 26 de marzo de 2026

Boato

Trasfondo nº 116 


Después de un tiempo de silencio por este lugar virtual, Ricardo y yo hemos querido volver a contarte cosas con nuestras fotos y nuestras palabras. Teníamos muchas ganas de dialogar a través de este blog. 

Unos angelitos de madera han sido la excusa perfecta para que volvamos a hacer una entrada. 

Y es que, el lunes 23 de marzo de 2026, llegaron a Aljucer, de la mano de los hermanos Martínez Cava, jóvenes escultores murcianos con un talento muy apreciable, unos ángeles que acompañarán a la Virgen de los Dolores, patrona del pueblo, una figura icónica para los aljucereños desde hace unos 240 años. 

Su llegada, que no ha sido indiferente, nos ha hecho reflexionar sobre algún aspecto que observamos en nuestro pueblo, aunque no es único de este lugar. 

Los ángeles son la expresión por el interés en que la historia y el patrimonio que se ha vinculado con la Dolorosa aljucereña. Forma parte de un interés de conocer y reconocer cómo se ha ido enriqueciendo, con las aportaciones de todo tipo, de los habitantes del pueblo a lo largo del tiempo. Conociendo, analizando y difundiendo, podremos hacernos conscientes de dónde venimos y cómo somos. 

En la única foto que se conserva de la Virgen de los Dolores que teníamos en Aljucer hasta 1936, fecha de su destrucción, que es de 1902, se observa la existencia de unos ángeles que acompañan la imagen de la virgen. Toda la estética que rodea a aquella escultura en esa fotografía es significativa para entender cómo nos relacionábamos con ese icono aljucereño. 

La Virgen de los Dolores en Aljucer forma parte del imaginario de las gentes que aquí viven. Su creación y devenir a lo largo de la historia ha supuesto la creación de un patrimonio muy concreto que se ha ido haciendo hueco en la cultura aljucereña. A ese patrimonio, a esa riqueza compartida, han ido aportando las diferentes generaciones que han ido viviendo en este lugar en los últimos 200 años. 

Por tanto, la fiesta y devoción que se le hace a la virgen aljucereña es el resultado de años de contribuciones de diverso tipo que han ido sedimentando, que se han ido amalgamando y que, después de más de 2 siglos, aún pervive.

Sin embargo, a diferencia de otros lugares, el patrimonio con el que contamos, aún siendo tan relevante como es la Virgen de los Dolores, sufre de la indiferencia y el desdén de los habitantes del pueblo. 

Sin hablar de devoción, que es algo muy personal de cada cual, las expresiones culturales con las que nos hemos relacionado y en las que se han concretado dicha devoción, son, en cierto modo, olvidadas y minusvaloradas, cuando forman parte del imaginario aljucereño, de las señas que, como comunidad tenemos, sin ningún interés de ser excluyentes en ningún modo. 

La música, el vestido, la imagen, las oraciones, las fiestas, la historia... todo aquello que orbita e impregna la relación entre los aljucereños y la virgen, forma parte de nuestra identidad, y por tanto, cuenta cómo nos hemos relacionado entre nosotros. 

De tal forma que, las expresiones, costumbres, tradiciones, iconos... que mantenemos, que hemos perdido e incluso olvidado son importantes a la hora de conocernos y reconocernos como comunidad y de cómo nos relacionamos con ellas. 

Observando el caso de la Virgen de los Dolores, apreciamos varios elementos que son comunes en otros aspectos de nuestro patrimonio, tanto inmaterial como material. Nos cuesta, como grupo de personas que convivimos en un lugar, ponernos de acuerdo, apreciar, conocer, disfrutar y difundir aquellas cosas que generamos y que se convierten en patrimonio. Somos capaces de crearlas y al tiempo, dejarlas languidecer, y no sabemos muy bien cómo hacer ostentación y boato de quiénes somos, cómo somos y lo expresamos y disfrutar del boato de sabernos diversos pero a la vez únicos. 

Lo que proponemos, a raíz de esta reflexión, es la necesidad de seguir dialogando y trabajando por conocer nuestra historia y nuestro patrimonio desde varios puntos de vista, diversos y diferentes, de forma que contribuyamos a reconocernos y cuidarnos como comunidad. 

Conociéndonos, nos podemos querer, y ya sabes, el roce hace el cariño. Teniendo conciencia de cómo somos y cómo nos relacionamos, quizás tengamos las claves para relacionarnos con nuestro pasado de una forma honesta y enriquecedora, para vivir el presente y forjar nuestro futuro como comunidad de manera clara, buscando el bien común, lo mejor posible para todos. 

Nosotros creemos que nos queda mucho que dialogar, mucho que reflexionar, mucho que hacer juntos, sólo hay que querer, ya encontraremos la forma...

Ginés Marín Iniesta 
 
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